top of page

La isla de Aehelgad

Desde que terminó la guerra, el reino de Umbralia quedó devastado, la tierra siempre se veía agrietada, los ríos aún estaban contaminados de ceniza, todo ser vivo tenía alguna deformidad, a otros les faltaba alguna extremidad, a causa de los encantamientos del hechicero Xylo. Ni los soldados se salvaron.


Ante la sequía, el Rey Malakor quiso utilizar sus últimos recursos para una costosa expedición. Su mano derecha, el General Keelen, le contó acerca de unos rumores, un tesoro oculto en La Isla de Aehelgad, a unas ocho leguas al sur de la costa. El rey estaba desesperado, miraba a su pueblo en la ruina, que ya no tenía otra opción.


Al amanecer el rey dio un espaldarazo a su general, depositando en él toda su esperanza, como signo de confianza, también le entregó su espada.


-¡General Keelen, te entrego la más valiosa arma, la protección del pueblo!


-¡Encontraré ese tesoro Su Majestad!- Keelen Se puso de pie y envainó la espada con respeto.


-Tambien pongo en tus manos a los últimos siete guerreros sanos- Los nombró uno por uno -Vorg, Mura, Krell, Handrus, Zale, Thann y Lyza.


-Los guiaré con sabiduría y fortaleza Su majestad.


-Tengan mucho cuidado de Xylo el hechicero y de su hermano Varkas.


-¡No tema Su Majestad! Xylo no es nada sin su máscara y ese centauro ya está muy viejo para vencernos, por eso se esconden los cobardes- Alegó Vorg con valentía.


Después de horas de navegación, una isla se asomaba en el horizonte, mientras más se acercaban, mas se sentía un olor putrefacto en el ambiente, la vegetación era casi imperceptible, una niebla cobijaba la isla, un cinturón de agua roja como la sangre rodeaba toda la costa.

Los guerreros temerosos intentaban no mostrarse desconfiados, cada pequeño ruido, casa movimiento en la isla, les recordaba cuánto querían regresar a casa.


-¿Que es eso?- Gritó Mura alertando a los demás.


El general Keelen sacó la espada real -¿Que viste? - Preguntó.


-Habia una persona ahí ¡Se lo juro general!


-Tranquilo! es normal que estés asustado, todos lo estamos, no creas nada de lo que veas hasta que lo tengas enfrente, es imposible que alguien habite esta horrible isla.


Exploraron varios metros por un sendero formado por la naturaleza, hasta que al llegar a una división, el general dio la orden -¡Nos separaremos en dos grupos! ¡Vorg, Mura, Krell y Handrus! Exploren por la derecha.

¡Zale, Thann y Lyza! vendrán conmigo por la izquierda - Antes de separarse, Keelen dijo a Vorg -Si encuentran algo deben buscarme ¡No abran el cofre!- ordenó.


El grupo de Vorg caminaba alerta, entre pinos, roca y neblina. Un ruido los hizo detener.


¡CHOC-PLOC-CHOC-PLOC!


-¿Escucharon eso?- preguntó Krell


De nuevo: CHOC-PLOC-CHOC-PLOC!


Handrus dijo -Suena a...


-¡Un galopar!- completó Mura.


Los guerreros formaron un círculo recargados en sus espaldas, levantaron sus armas.


-¡No debimos venir!- dijo Krell


Vorg ordenó -¡Silencio! Esa cosa nos está viendo.


Una silueta se acercaba lentamente asechando a los guerreros.


Mura trato de tranquilizar a los otros -¡Es solo un anciano!- caminó hacia el.


-¡Espera no te acerques, puede ser peligroso!- advirtió Vorg


-¿Señor, se encuentra bien?- Preguntó Mura


La silueta se había quedado quieta, pero se podía escuchar su respiración.


-Señor, no queremos hacerle daño- insistió Mura.


Un pequeño destello de sol que se asomó entre la niebla dejó ver unos enormes ojos rojos. El anciano no era tan pequeño como parecía, se fue alzando hasta mostrar su verdadera forma. Si era un anciano, pero en vez de piernas tenía el cuerpo de un caballo, se encabrito y dejó caer su peso sobre Mura. Los otros guerreros se quedaron atónitos al ver cómo el rostro de su compañero se deformaba entre el suelo y una enorme pezuña.


Al otro lado de la isla, el general y sus hombres llegaron a una cueva, la entrada era grande pero no se veía muy profunda, Keelen dijo que el entraría solo y dio la orden a los otros que esperarán afuera. Lyza advirtió que podría ser muy peligroso entrar ahí, pero el ya estaba decidido a entrar.


Pasaron un par de minutos y Keelen salió de la cueva, sosteniendo un cofre, clavó la espada en la tierra pestilente y húmeda, se hincó para abrir el cofre. Lyza miró a Zale con sospecha, algo no tenía sentido para ellos. El general tomó con delicadeza el objeto que descansaba ahí dentro, lo levantó con admiración y añoranza, y lo bajó lentamente hacia su rostro.


Regresando al otro lado de la isla, El Centauro galopó rápidamente hacia los guerreros, Vorg no pudo contener su ira y también corrió hacia la bestia apuntando su espada, logró encajarla en su estómago humano, un chorro de sangre negra baño al guerrero, empezó a sentir que le quemaba, Varkas lo tomó de la muñeca con una mano y con la otra del tobillo, lo estiró con fuerza, disfrutaba escuchar como los ligamentos y musculos se desprendían uno de otro. Vorg se partió por la mitad, apenas se distinguía el metal de su armadura entre tejidos y sangre.

Krell intento atacarlo por sorpresa, había aprovechado la distracción de Varkas para atacarlo por atrás, se subió a su lomo, con un brazo intentó estrangular a la bestia, pero su cuello era muy ancho que apenas alcanzaba a rodearlo, con la otra mano encajaba su navaja repetidas veces, aunque su piel era muy gruesa, sentía dolor. Entonces el centauro hizo su brazo hacia atrás y lo tomo del torso, lo apretó hasta hacerlo explotar.

Handrus estaba solo, por primera vez en una batalla decidió correr, pero Varkas fue más rápido, tomó un tronco, se lo aventó, cuando fue a ver a su víctima ya solo se asomaban sus piernas. Varkas sabía que había alguien más en la isla.


Cuando el general Keelen acercaba el objeto a su rostro, Zale interrumpió -¡Eso no es un tesoro! ¿A qué nos ha traído?


De pronto llegó el centauro, se paró frente a ellos, se pusieron en guardia


-¡Es Varkas el centauro maldito!- gritó Zale


Keelen caminó hacia el -¡Tranquilos guerreros! Esto puede controlar a cualquier bestia.


Lyza advirtió -¡General alejese!


El general ignoraba las advertencias, miró sin temor a Varkas -Cuidaste bien de mi máscara hermano mío.


-¡Es la máscara del hechicero!- Gritó Lyza, luego señaló al general -¡Tu! ¡Tu eres el hechicero!


-¿Todo fue una trampa? -pregunto ingenuamente Thann.


El general se puso la máscara, su armadura se transformó en una túnica de telas viejas, al rededor de él se formó un torbellino que absorbió la niebla de toda la isla en la máscara.


Zale quiso atacar, pero el hechicero levanto solemnemente su mano, de sus dedos salió humo, entró por todas las cavidades del cuerpo de Zale, lo mismo pasó con los otros guerreros, quedaron inmóviles.


-¡No te saldrás con la tuya hechicero! ¡Si te vencimos una vez, lo volveremos a hacer!- gritó Lyza


-Nunca me vencieron, eres muy joven para saberlo, tu aún ni tenías armadura cuando todo comenzó, y no fuimos nosotros. El pueblo de los hechiceros era noble, amábamos la magia y la naturaleza, pero tú rey, temeroso de todo lo que es diferente a él, nos llamó herejes y nos persiguió, huimos de un lado a otro, pero no era suficiente, saqueaban y quemaban, mataban a nuestros ancianos y niños, abusaban de nuestras mujeres. Pero un día nos revelamos y la guerra comenzó. Ambos pueblos perdimos casi todo, y al final solo sobrevivimos mi hermano y yo. Teníamos que dejar que el rey creyera que ganó, abandoné mi hábito y me convertí en uno de ustedes para ganarme su confianza, hoy me entregó su espada y a sus mejores hombres. La guerra nunca terminó, solo se pospuso.


Xylo el hechicero presionó su puño, las armaduras vibraron, se deformaron como si algo las jalara desde adentro de sus portadores, la fuerza hizo implotar cada una de ellas triturando a los guerreros, una efímera lluvia roja pigmentó todo el lugar.


El hechicero le dio una palmada en el lomo a su hermano -Mirate Varkas, tu parte humana envejeció, pero tu parte animal sigue siendo fuerte.


El centauro sacudió la cabeza para limpiar la sangre.


Caminaron hacia la costa, mientras la espada real era testigo del inicio de una venganza.


FIN




Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


bottom of page