Niño Larva
- Sr. Morga

- hace 5 horas
- 15 Min. de lectura
El Niño Larva Por: Fredd Morga A veces no se quién soy, pero tengo la capacidad de recordar muchas cosas de mi pasado, algunas no sé si pasaron o las soñé. Como el primer recuerdo que tengo, estaba en mi cuna mirando el infinito color blanco del techo, sin tener aun el concepto de lo que es real, escuche un ruido: el aleteo de una mosca. Se paró sobre mi redonda y achatada nariz de bebé, me hacía cosquillas, mi madre la asustó, la recuerdo muy bien, ella era una mujer amorosa, muy bella y joven, no como las mucamas, que eran horrendas y viejas, mi mamá parecía un hada, se fugaba de la realidad pintando paisajes y retratos de mí. Apenas cumplió la mayoría de edad, fue obligada por su familia a casarse con mi padre por cuestiones de eugenesia, pero ya llegaré a eso. Mi padre era todo lo contrario, muy serio y frio, muy delgado, como si la amargura lo hubiera chupado, aparentaba mucha madurez, era mayor que mi mamá, por unos diez años, casi nunca me acerca a él, porque siempre me hablaba de cosas que no entendía y aparte me daba miedo. Siempre fue demasiado estricto con mi forma de vestir, era imprescindible que las calcetas estuvieran a la misma altura, perfectamente alineadas con la parte baja de las rodillas, los zapatos bien lustrados, Casi siempre lo odié, pero ahí no lo sabía. A mis cinco años era un niño callado y sin amigos, era medicado constantemente, no iba al escuela, me contrataban maestros privados, no siempre duraban, decían que era un niño muy agresivo, se me dificultaba comunicarme con los demás, la única que parecía entenderme era mi madre, como olvidar su sonrisa dulce y cálida, su cabello castaño y claro, olía a cereza, aunque era una mujer elegante, siempre se le veía en la casa con un pantalón corto de mezclilla y blusas holgadas manchadas de pintura, le encantaba el arte, me regaló un gato al que llamé Leviatán, era pardo y alargado, casi como un lince, aunque él no hablaba nos entendíamos, teníamos nuestro propio idioma, era muy inquieto y no le gustaba quedarse en un solo lugar. *** Vivíamos en una mansión alejada de la humanidad, rodeada por un gran bosque, toda era para mí, aunque siempre me gustó mas jugar afuera, en el jardín, a mi padre no le gustaba mucho, un día me salí a jugar con Leviatán, pasó una ardilla y se fue corriendo tras ella, se perdió entre los árboles, no sabía si ir a buscarlo o avisarle a mis padres, era tanto el miedo a mi padre que pensé que ya no me dejarían ir por él, pues se la pasaba diciendo que ahí había fieras peligrosas, esta vez me dio menos miedo el bosque que mi padre, yo estaba bien vestido, pues recibiríamos la visita mensual de mi abuela. En el cuarto de mis padres volaba una mosca, que miraba a mis padres conversar, mi padre se acomodaba la corbata mientras le preguntaba a mi madre —Mónica ¿Dónde está el niño? —No sé, que se suponía que estaría jugando en el jardín- Contestó ella con cara de disgusto al ver su vestido. — ¿se ha estado tomando su medicamento? — ¿Es necesario que se lo siga tomado? — ¿Eres estúpida? Nunca debe dejar de tomárselo, ahora ve a buscar al niño, faltan unas horas para que llegue tu madre. -¡Estoy harta de que me hables así Alexander! Nos ves como simples objetos, ese niño es tu hijo, no tu rata de laboratorio. -Tú sabes la razón de la existencia de ese niño, se nos dio un gran regalo, ese niño va a dirigir el mundo, no nos pertenece, no quiero ni pensar que pasaría si cae en las manos equivocadas. -¡Eres un imbécil igual que mi madre!- contestó enojada y fue a buscarme. ¿Que como sé esto? No sé, donde hubo una mosca, hubo algo que recuerdo. Mi madre me amaba tanto que le ocultaba cosas a mi padre, una de ellas era sobre el medicamento, había dejado de dármelo. Mientras mis zapatos se manchaban de lodo en el bosque y yo gritaba—¡Leviatán! ¿Dónde estás gatito? es hora de volver a casa—. De pronto lo encontré, no como esperaba, Leviatán estaba colgando en la mandíbula de un animal más grande, se trataba de un lobo, soltó al gato con la intención de llevarse dos presas, me quedé quieto por un instante, sin saber qué hacer, mi cuerpo estaba paralizado, mientras que el lobo gruñía y babeaba, caminaba lentamente hacía mí, a un lado había una piedra un poco más grande que mi mano, quería tomarla pero en verdad no podía moverme, miré mis pantaloncillos cortos que se habían mojado, -mi padre me va a matar- pensé. Tenía un nudo de llanto que me hacía presionar las mandíbulas con fuerza, apenas me moví, el lobo se dejó ir a toda velocidad sobre mí. Mi madre me buscaba por todo el bosque, se levantaba su lujoso vestido rosa para no mancharlo —Franz ¡hijo! ¿Dónde estás? tu padre nos espera, no hay que hacerlo enojar. Vi al lobo cayendo sobre mí, sentí como si el tiempo se detuviera, le pegué en su mandíbula con mi puño cerrado, escuché su chillido, me sentía eufórico, tenía demasiada energía acumulada, mi piel se empezó a tornar de un color azul, me avente sobre el lobo, con los pulgares le presioné los ojos hasta sacarlos de sus cuencas, no tenía control de lo que hacía, luego le mordí la nariz hasta arrancársela, y luego mordí donde pude, era el miedo actuando a través de mis impulsos. Mi madre llegó a la escena, casi se desmaya ante lo que presenciaba: su hijo sentado con la mirada perdida sobre un tronco; mi piel apenas estaba recuperando su color natural — ¿estás bien Franzie? ¡Contéstame hijo! —mientras me sacudía para que reaccionara, estaba todo manchado de la sangre que aun escurría de mi boca, volteó a ver todo el lugar para encontrar lógica a lo que miraba, Leviatán estaba muerto, luego, cuando vio al lobo todo desfigurado, no pudo contener el vómito, luego me limpió el rostro con su vestido —¡vamos a casa hijo, todo estará bien!- me tomó en sus brazos, yo seguía en shock. Caminando por el bosque fui recuperado la razón, tenía lagunas mentales, mi único amigo se había ido —está muerto— le dije a mi madre con lágrimas en los ojos, escurrían sobre mi mejilla revolviéndose con la sangre que aún tenía en el cuello — Tranquilo hijo, Leviatán ahora está en un lugar mejor, ya no está en su cuerpo, pero siempre estará contigo si lo recuerdas— dijo mi madre, mi respiración se agitaba con el llanto. Llegamos al jardín de la mansión, mi padre nos vio desde el balcón, bajó corriendo. Mi mamá se agachó ——No tengas miedo hijo, muy pronto todo estará bien, te lo prometo. Mi padre llegó a donde estábamos, corrió a revisar a mi mamá — ¿estás bien Mónica? — preguntó preocupado mientras la revisaba. —Si Alexander, yo estoy bien, nuestro hijo no lo está. Él se agachó, pensé que me abrazaría y me diría que todo estaba bien, pero al ver la furia en sus ojos sabía que no sería así — ¿Dónde te has metido Franz? ¿Qué hiciste? dímelo todo ¿Porque estas todo manchado? ¿Viste algo raro en tu cuerpo?- me sacudía desesperado. Nada raro padre, mi gato acaba de morir, acabo de matar a un lobo, pude haber contestado, pero solo pude decir -Perdón padre, manché mi ropa. —Alex, es un niño, no sabe nada de lo que hizo, necesita consuelo en este momento, ¡mi mamá se puede ir al carajo!— abogó mi madre. — ¿Consuelo? tu haz malcriado a este niño, lo que necesita es disciplina, seguro dejaste de darle su medicamento. — ¿podemos discutir de esto después? ¡Por favor Alexander, dile algo que lo aliente! Mi padre respondió -Los espero en mi despacho ¡Limpios!- y se dio la media vuelta. *** Mi abuela Amelia, una mujer imponente y respetada, era conocida por tener contactos de todo tipo, desde el gobierno hasta la mafia, era de esperarse, pertenecía a la dinastía Musqueade, una de las nueve más poderosas en el planeta que conformaban la Logia de Yira. Cada mes llegaba a mi casa con sus guardaespaldas y ese médico de mal aliento. El matrimonio de mis padres fue por un acuerdo, mi padre necesitaba financiamiento para continuar su investigación, un proyecto sobre los sueños, la condición que le impuso la dinastía Musqueade fue que procreara un bebé con la hija de Amelia, mi madre. Para suerte de mi padre, cumplía con todo el perfil, la forma de su cráneo era de mucha importancia para ciertos intereses de la familia, ya que aportaba una herencia genética para los descendientes de los Musqueade, lo que mencione de la eugenesia al principio. Cuando llegaban las visitas nos reuníamos en el despacho de mi padre, me sentaban en esa silla que odiaba delante del escritorio, el médico me tomaba la presión, me revisaba los ojos, las mandíbulas, los dientes, mis articulaciones, mi pulso cardiaco, mientras todos me miraban, incluso mis padres, mi madre siempre se mostraba descontenta. El médico le preguntó a mi padre — ¿El niño se ha estado tomando su medicamento? Mi padre estaba nervioso —Todos los días ¿ocurre algo? —No Alexander, es puro protocolo, aun así debo recordarte la importancia de que se lo tome, recuerda que es muy peligroso que el sueñe. —Lo se Mathew, no tienes que repetírmelo, y menos enfrente de él. Mi abuela se acercó a mí, se quitó sus guantes negros de seda para acariciarme con sus manos frías, se puso frente a mí, siempre olia a cigarro, luego me tomó de las manos y con dulzura limpio mis dedos con su guante —Tu eres el futuro Franzie, eres muy pequeño para entenderlo ahora, pero cuando crezcas yo te mostraré lo superior que eres a todos los demás, tengo la corazonada que tú eres al que hemos estado esperando — se puso de pie frente a mis padres con autoridad —Mónica y Alexander, creo que están haciendo un buen trabajo cuidando a mi nieto.— Se detuvo frente a mi padre—¿No es así Alexander? — —Sí señora, como lo acordamos desde que el proyecto comenzó— dijo mi padre con firmeza pero inmóvil, me recordaba a mi cuando estaba frente al lobo. Mi abuela lo tomó de las mejillas y clavó su mirada sobre la suya sin decir nada, después de un largo silencio dijo — Alexander ¿me estas ocultando algo? Mi papá titubeo —N... no señora. —No te escuché. —No señora, no le oculto nada. Mi madre interrumpió — ¡Madre. Hay algo que me gustaría decirte! Mi padre miró a mi madre con preocupación, mi abuela se puso de pie y le dijo a mi madre — ¿Ahora que Mónica? No quiero otra de tus idioteces, eres mejor pintando que hablando. —Quisiera que mi hijo saliera del cuarto. — Advirtió mi madre. La abuela fue a mi lugar —Franzie, has sido un buen niño, ve a jugar.— Besó mi frente dejando la marca de sus labios en un azul marino muy intenso, era su color favorito al parecer. Salí de la habitación, pero siempre tenía la mala costumbre de espiar detrás de las puertas. —Bien ¿Qué quieres Mónica? —Madre, no quiero que te lleves a mi hijo, te lo imploro. —Mónica, ya hemos hablado de esto, no puedes contradecir las tradiciones familiares, él es el elegido de esta generación, deberías sentirte privilegiada de haber sido elegida por Yira para concebir a uno de sus descendientes, de todas tus hermanas fuiste la única capaz de ser la madre portadora. — ¡Pero madre, yo lo amo, es mi hijo! —Tarde o temprano él se irá de tus brazos hija, es la ley de la vida, desde que estaba en tu vientre sabías cual era tu papel en esto, solo eres un recipiente, yo lo fui con tu hermano; y cuando llegó el momento de entregarlo a la logia me dolió, pero con el tiempo lo acepté, este dolor te forjará carácter. Mi madre se soltó en llanto y se hincó ante mi abuela — ¡Por favor madre! —Tan débil como tu padre— Dijo con desprecio —Alexander, tranquiliza a tu esposa, odio los dramas. —Si Señora, hablaré con ella. —Bueno, es momento de irnos, Alexander acompáñanos al auto— dijo la Abuela, era momento de alejarme de ahí, pero quería saber más, me fui a esconder detrás de un árbol cerca del lujoso auto donde habían llegado las visitas. Mi padre con cortesía abrió la puerta trasera para que subiera mi abuela, antes de entrar al auto ella dijo—Trata de estar muy atento al niño, a la primera señal o cambio que veas en él, notifícamelo, te indicare cuando sea momento de dejar de administrarle el medicamento, casi está listo para irse, el es especial. — ¿No va a subir a su auto? — preguntó mi padre incomodo al ver que mi abuela y el doctor lo miraban sospechosamente. —No, quiero observar este hermoso lugar donde vives, eres un privilegiado, imagina que tantos años de esfuerzo se fueran a la basura, pero sé que eres muy listo y cuidaras de mi nieto hasta que llegue el momento, no creo que quieras provocar a la logia, ve a casa, yo puedo cerrar la puerta del auto sola, una cosa más. -Dígame señora. -Huele a animal muerto aquí, limpia tu casa, hay demasiadas moscas. Mi padre se metió a la casa, mientras que la abuela le dio su guante al médico —Llévalo al laboratorio, el niño tenía sangre entre las uñas ¿Cómo pudiste pasar eso por alto? —Discúlpeme señora Musqueade, lo analizaremos. La abuela se quedó mirando la mansión — ¿Qué me están ocultando? — Subió al auto y se marcharon. Cuando regresé a la casa mis padres estaban discutiendo. — ¡Es mi hijo Alexander! No puedo permitir que se lo lleven. —Sabías que esto pasaría tarde o temprano Mónica. — ¿A caso no lo quieres? —Le preguntó a mi padre mientras él se quedaba en silencio — ¡Contéstame! ¿En qué momento dejaste de ser aquel hombre del que me enamore? —Tú no estabas enamorada Mónica, te quedaste conmigo porque no tenías otra opción. —Pero siempre fuiste dulce conmigo, desde que nos conocimos. —Siempre estuve enamorado de ti, desde el momento que tu madre me propuso casarme contigo, pero las cosas han cambiado, esas eran puras fantasías, hoy todo se trata de supervivencia. —A veces siento que te odio y no has contestado mi pregunta ¿No quieres a tu hijo? -Estamos ante algo más grande que nosotros, no podemos desertar así madamas ¿Por qué dejaste de darle el medicamento? -Porque ese medicamento lo está dañando, lo hicieron conmigo de niña, con mis hermanos, y con todos mis antepasados. ¿A cuantos de mis hermanos conoces? A ninguno, porque después de que se los lleva la logia no volvemos a saber de ellos. -Ese medicamento neutraliza sus poderes, y tus hermanos están sirviendo a la Logia -Mentira! Eso es solo al principio, pero después y si no funciona, la logia los mata, yo lo he visto. Él estaba bien antes de tomarlo. De pronto la conversación se detuvo cuando se dieron cuenta que los escuchaba, mi padre me gritó — ¿Cuántas veces te he dicho que dejes de espiar detrás de las puertas? —siento que hasta estuvo a punto de golpearme, vi la furia en sus ojos, parecía que me odiaba, entonces por fin pude justificar mi odio que sentía hacía el, siempre tuve miedo de odiarlo, pero ahora estaba seguro que lo hacía, mi madre lo tranquilizó, le dijo —es solo un niño Alexander—. Él contestó —Tu no te metas, nos pusiste en riesgo. Yo tenía ganas de llorar pero no quería mostrarle debilidad a mi padre, no sé si para desafiarlo o para darle gusto, mi madre me llevó a mi habitación, dijo que todo estaría bien, trató de justificar a mi padre, siento que ella le tenía tanto miedo como yo lo tuve hasta ese día, me dijo que era un hombre con muchas ideas y que a veces eso lo ponía mal, que estaba muy presionado, -trataré de tranquilizarlo- besó mi frente y apago la luz. *** Cuando combatí al lobo resulte herido, ahora podía recordarlo, logró encajar sus garras en mi estómago, antes que apareciera mi madre, las heridas se llenaron de larvas, no sé de donde salieron, pero ellas me curaron y me dejaron como si nada hubiera pasado, logre recordarlo a través de un sueño. Desperté en mitad de la noche, escuché a mi madre gritar, pero lo hacía de una manera extraña, tal vez estaban peleando de nuevo, jamás la había escuchado gritar de esa forma, estaba dispuesto a lo que fuera con tal de salvarla, me levante de la cama con enojo, fui a su habitación, la puerta estaba cerrada, pero habían olvidado poner el seguro, abrí cautelosamente, me quede petrificado con lo que vi, mi cuerpo se sintió peor que cuando estaba frente al lobo, me sentía inmóvil, mi estómago se contaría con fuerza, mi cabeza se sentía muy tibia, no entendía que estaba pasando, mi madre estaba totalmente desnuda debajo de mi padre, el menaba su torso sobre ella de una manera que no yo entendía, también estaba desnudo, tenía una mano sobre su cuello y con la otra la tocaba, parecía una escena violenta, el rechinido de la madera vieja de la cama me aturdía, entré lentamente para salvarla, pero me di cuenta que ella lo acariciaba, nada tenía sentido, jamás había visto esas expresiones, los desconocía completamente, mi padre casi babeaba como el lobo, mis manos temblaban, sentía vértigo y la contracción en el estómago se hacía cada vez más fuerte, quería gritar pero no podía, mi mente se empezó a nublar con las imágenes que vi cuando maté al lobo, por alguna razón quería matar a mi padre, grité ¡Suéltala! Mi piel se empezó a hacer azul de nuevo, en mi mente pasaba imágenes como si fueran fotografías: el lobo, mi gato muerto, el pestilente médico, mi abuela, mi padre no me quiere —el aleteo de una mosca, el aleteo de una mosca, el aleteo de una mosca. — Podía escucharlo cerca de mí, confundí la realidad con esas imágenes, de pronto sentí una momentánea paz y vi en el cuarto una mosca gigante devorando la cabeza de mi padre. Me di cuenta que solo lo estaba imaginando, regresé a la realidad, mi madre avergonzada corrió a la cama a taparse con las sabanas, los dos me miraban como si hubiera arruinado algo, salí corriendo de ahí, mi padre tomó un arma que tenía guardada en su caja fuerte, dijo a mi madre —no me mires así, es solo un tranquilizante, por su color de piel creo que va a entrar en metamorfosis, voy por él. — ¿cuánto tiempo lleva esa arma guardada ahí? ¿Hasta cuándo me vas a seguir ocultando cosas? — Hablamos luego ¿sí? voy por el antes que sea tarde. Salí de la casa, toda mi piel era azul, mis brazos y piernas se encogían lentamente, hasta que caí al suelo sin poder moverme, pero mi instinto no me dejaba quedar quieto, era una larva gigante ahora, me arrastré por todo el bosque, tenía mucha hambre. Mi padre estaba en el jardín buscando señales, mientras que mi madre con su bata de baño lo alcanzó —¿dónde está? — preguntó preocupada. — No se Mónica, tal vez va en busca de humedad o de algo muerto. -Va en busca del lobo Alex -¡vamos por él, no puede si sale de la mansión es el fin. *** Mis padres siguieron el rastro de mi ropa que se fue cayendo, estaba llena de una sustancia viscosa. Crucé el bosque arrastrándome, llegué al cadáver del lobo, empecé a devorar el interior de su cuerpo, quería cobijarme con su piel, en ese momento no era consiente de quien era, solo tenía miedo y hambre, mis padres llegaron. No los reconocí, abrí el orificio de la punta de mi cuerpo, salieron unos pequeños relámpagos de electricidad. Mi padre protegió a mi madre con su brazo — ¡Tranquila! El consumo del medicamento durante todos estos años le impidió acumular suficiente energía onírica para alcanzar la máxima etapa de su transformación ¿hace cuánto no se lo toma? —¡Hace tres semanas Alex! —No es mucho, podré neutralizarlo antes que nos lance una ráfaga de electricidad. —Alex, no le dispares, podemos tranquilizarlo hablándole. —No se tranquilizará con tu amor Mónica, no es consciente de quien es, no sabe usar su poder aun. —Por favor Alex, déjame intentarlo. —Está bien, pero a la mínima amenaza disparo. Mi madre se acercó a mí, yo la veía como una presa, cómo un saco de carne —hijo, tranquilo, mami está aquí, te puedo explicar lo que viste, ven con nosotros a casa— yo seguía moviéndome, parecía que lo que decía mi madre no funcionaba, tuvo la tenacidad de acercarse más, estiró su mano y me tocó, me tranquilicé por un instante, pero al percibir el calor de su piel, mi hambre actuó, abrí mi boca de larva para morder su mano, mi padre disparó un dardo, caí al suelo, mi cuerpo se desinfló como si se tratara de un globo, ella estaba asustada, mi padre sacó un bisturí de su bolsillo, abrió la larva, adentro de ese cadáver estaba mi cuerpo humano de nuevo, aunque estaba pálido y con las venas moradas —¡está vivo!- dijo mi padre, me llevaron a casa. Desperté al día siguiente con la duda si todo el día anterior había sido un sueño, bajé en pijama al comedor, el mayordomo les servía el café mientras mis padres hablaban. —No se lo puede llevar Alexander—dijo mi madre, mientras cortaba la mantequilla. —Eso no está en mis manos Mónica, sabíamos que este día llegaría, bastante arriesgamos ayer con ocultarle a tu madre lo del lobo, es momento de entregarlo a la logia, es muy peligroso. —No puede ser Alexander ¡Es tu hijo, tu sangre! y tú solo lo desechas como a un animal. —Sí, pero literalmente tu sangre es más poderosa que la mía en el sentido que quieras velo, no quiero discutir de nuevo, nuestras vidas corren peligro si no hacemos lo correcto. — ¿Nuestras vidas o tu proyecto? Debemos huir —No es fácil ocultarse de ellos, están en todos lados. Se dieron cuenta que estaba ahí observándolos. Mi padre soltó su cuchara — ¿otra vez Franz? — ¡Hijo buenos días!— dijo mi madre —hoy es un día especial, te llevare a la ciudad, desayuna y nos vamos— por su tono y sus voces extrañas estaban fingiendo que nada pasó. Mi madre se acercó a mi padre, puso el cuchillo en la espalda de mi padre, le dijo al oído — Piensa bien de qué lado estás, porque te he seguido hasta aquí, he aprendido a amarte, he sido sumisa y obediente, pero por mi hijo soy capaz de enfrentarte a ti, a mi madre y a esos imbéciles— besó su mejilla y salió del comedor. Mi padre recobró esa mirada de odio, me miró con tanto desprecio, arrojó la servilleta sobre la mesa, pero esta vez no le bajé la mirada. Mi madre pasó a un lado mío y me dijo en voz baja -Ven, acompáñame hijo, ya no tendrás que tomar esos medicamentos. *** Mi padre espantó la mosca que se había parado en su pan, estaba a punto de hacer una llamada cuando escuchó el motor de su auto, salió corriendo. Mi madre tomó la decisión de huir conmigo, mi padre venia corriendo hacia nosotros, el auto no encendía, el sacó su arma tranquilizante, el auto encendió, yo miré por la ventana desde el asiento de atrás, venía desesperado hacia nosotros, el auto tiró la reja de la entrada, por más que corrió mi padre, no pudo alcanzarnos, lo vi tirarse de rodillas, todavía alcancé a ver su rostro, estaba destrozado, no sé si era tristeza o miedo. Esa fue la última vez que lo vi. ¿Ahora dónde estoy? Donde haya una mosca. ¿FIN?





Comentarios