Dura Sangre
- Sr. Morga

- 23 ene
- 11 Min. de lectura
Actualizado: 27 ene
Dura Sangre
Por: Fredd Morga
Cuentan que hace mucho tiempo, Evaristo un anciano flaco y casi cadavérico, conocido como "Tata Humo" por los grandes chamanes, por su mala fama de haber usado incorrectamente los saberes ancestrales, usó la flor sagrada del desierto para enmendar su error y crear una medicina que ayudaría a la conciencia humana, al tener la mezcla de todos los ingredientes, dejo caer por accidente una gota de su sangre, sin darse cuenta que en ella iba parte de su ego perverso, al que nunca pudo dominar, ademas de cargar con la energia onirca de sus peores pesadillas. Sin querer creó a seis pequeños homúnculos del tamaño de un duende, a los que llamó Rojines, por su intenso color como la sangre, eran demasiado inquietos, no hablaban bien, poco se les entendía, era como escuchar groserías. -Ya aprenderán a hablar- Dijo el anciano.
Tata Humo tenía que ir de viaje para seguir explorando los misterios de la naturaleza, no podía llevar a sus traviesos con él, decidió dejarlos en Devil`s Bones, un condado minero en medio del desierto, con apenas unos cien habitantes, calles empedradas, casas de adobe medio destruidas, tradiciones arcaicas, y un sincretismo religioso donde el mito y la fe se entrelazaban con lo cotidiano. Les dijo -aquí los dejo, ayuden a este pueblo a encontrar su verdadero rostro y pórtense bien.
Los Rojines corrieron desesperados e inquietos, uno empujando a otro, entre risas y descontrol hasta que se perdieron de la vista del hechicero chaman.
***
La fiesta anual del condado se llevaba a cabo, celebraban al santo patrono del lugar, su deidad, conocido como Dura Sangre, una estatuilla roja, un jabalí sentado con la cabeza parecida a la de un niño, en su mano derecha portaba un pico y en la izquierda un diamante, en su cabeza tenía una corona. Se tenía la creencia que traía la prosperidad, abundancia y la paz al condado, los creyentes aseguran que existió, pero para los que no habitan el condado, su origen es un misterio. La celebración la organizaba el alcalde, había juegos mecánicos, desde las doce del día las ancianas preparaban banquetes, en la tarde se llevaba a cabo una ceremonia, donde se sacrificaba una cabra para el santo patrono como ofrenda, los habitantes del pueblo bebían la sangre del animal, pero solo un sorbo por persona, después adultos y niños bailaban al ritmo de la banda del pueblo.
En la noche, el Juez se presentaba ante el escenario acompañado de sus fieles guardias, doce hombres mal encarados conocidos como "La Hermandad del Retorno", ellos eran su mano, su mazo y su balanza, jamás cuestionaban a su jefe, él no era la máxima autoridad pero era más respetado que el mismo alcalde, porque sabia las leyes de principio a fin, leyes basadas en las escrituras del santo patrono. Con su toga se presentaba ante el pueblo y daba unas palabras de aliento, prometiendo el regreso de su deidad -¡El volverá y se encarnará en uno de nosotros! algún día, alguien será digno de ser “El Heraldo de Dura Sangre". Pero mientras, disfrutemos en su nombre ¡Que comience el gran baile de esta noche!
Los guardias de la Hermandad del retorno y El Sheriff mantenían el orden en las fiestas anuales, se permitía tirar balazos al aire, embriagarse, pero la violencia estaba prohibida, a los borrachos imprudentes se les encerraba en el templo y se les amarraba en una silla hasta el día siguiente.
Los Rojines miraban la fiesta y al patrono, y se burlaron a carcajadas, uno de ellos dijo –Tengo una idea! Ja ja ja-
Los reunió en círculo para decir en secreto lo que tenía pensado, luego rieron desquiciadamente. Se separaron y uno dijo –Quien junte más sangre gana ja ja ja-
***
En medio del baile, una joven mujer miraba a aquel carpintero que la ponía nerviosa, como si le temiera al solo verlo, de pronto vio una pequeña creatura roja que le jugueteo con las cejas, se había distraído por un momento, volvió a mirar al hombre con una intención diferente, hizo un gesto travieso que invitaba al joven a retirarse del baile, se fueron alejando sigilosamente.
-¡Nos va a ver tu mama! Pensé que ya no querías verme.
Con la mirada algo perdida contestó -Tranquilo, está muy ocupada bailando con el Juez ¡vámonos de aquí!
A ese joven se le había prohibido acercarse a la muchacha, pues sentían que no estaba a su nivel, entonces tenían que esconderse para poder entregarse en pasión, con algunas copas fue más fácil perder el miedo, iban caminando tambaleándose de un lado a otro, con risas, empujones juguetones y caricias, la lujuria ya los había poseído, la mujer le dijo al hombre
-¡Aquí!
El respondió -¿aquí?- al ver el viejo túnel minero, sus risas chocaron antes que sus labios, primero suaves, luego más urgentes. La piedra helada del muro rozaba su espalda mientras él la sostenía por la cintura, acercándola más, se bajó el pantalón, ella se subió el vestido y se quitó la ropa interior, el acto frenético de deseo y descontrol los arrastro al acto, mientras la fricción aumentaba, ella estaba al pendiente por si alguien los miraba, no había ni una sola persona, fue entonces, entre jadeos, cuando ella escucho un susurro, era esa pequeña figura otra vez, que apenas se notaba a contra luz de la luna, ella distinguió su intenso color rojo, mientras la fricción seguía, le encontró forma, le hizo callar con su dedo índice y le dijo
-Tranquila, no hagas nada, soy Dura Sangre.
Ella no daba crédito a lo que veía -Soy el mecías, eres la elegida para ser mi encarnación, tienes que matarlo.
-¡No lo haré!
La pequeña criatura contestó en un tono burlón - Sí que lo harás- Luego sus ojos brillaron en un tono amarillo intenso, con los ojos de la mujer pasó lo mismo, como si la estuviera hipnotizando. Ella tomó un pico mientras seguía en el acto, para el hombre todo iba bien entre jadeos e impulso, hasta que notó que había algo raro, el pico ya iba con fuerza a su cabeza
-¿Por qué?- preguntó con su último aliento, mientras una gota de sangre escurría por su ojo, los cuerpos aún no se separaban y cayeron juntos al suelo, el hombre temblaba sin parar, ella arriba de él, seguía encajando el pico hasta que desfiguro su rostro. Desquiciada le gritaba al hombre mientras lo desfiguraba -¿Esto es lo que querías? ¿Esto es lo que querías?
-¡Muy bien mi fiel creyente, eres digna de ser "El Heraldo", eres mi encarnación, ve a la fiesta y dile a todos que Dura Sangre ha regresado- Dijo el rojin.
La mujer anonadada se acomodó el vestido lleno de sangre, soltó el pico y fue a dar el mensaje. Detrás de ella iba la pequeña criatura riendo eufórico.
***
La joven llegó a la fiesta otra vez, decidida a dar su mensaje se dio cuenta que algo había paralizado la fiesta, se había ejecutado una masacre, el horno del panadero humeaba, del baño salía un enorme rio de sangre, los juegos artificiales habían calcinado a alguien, el hijo del Alcalde tirado en el escenario. Todos corrían despavoridos de un lado a otro, el Juez en el escenario cuidadoso de no pisar el cadáver, pedía que guardaran la calma.
-¡Todo está bajo control!- Decía a los habitantes.
Un guardia se acercó a la mujer y le preguntó por qué estaba manchada de sangre, la criatura le susurró al oído. -Diles quien eres.
-Soy El Heraldo, la portadora de Dura Sangre- contestó con firmeza.
El guardia miró a otro compañero y le dijo -Aquí hay otra más, llevémosla al templo, ahí el Juez decidirá qué hacer.
-¿De qué hablan guardias? no deben tratar así a la encarnación de nuestro mesías- Luego miró a la criatura -Diles santo patrono, no me creen.
Pero los guardias no podían ver a nadie, la tomaron de los brazos y se la llevaron a la fuerza.
Fue arrestada, el Juez le preguntó por qué lo hizo, le dijo que era La encarnación del patrono, el Juez se molestó porque le dijo que lo que mencionaba es una blasfemia muy grande y que aparte de eso mató en nombre de la deidad, lo que no solo la haría estar condenada por la ley, sino por la eternidad.
Los habitantes del condado, fueron a sus casas, en el templo solo quedaron los guardias y los acusados, el Juez apareció con su presencia imponente, los cinco asesinos estaban amarrados y sentados frente a él.
-No sé qué sucedió con ustedes, alteraron el orden público y cada uno de ustedes asesinó a alguien.
El panadero que siempre fue un hombre noble protestó -¡Soy El Heraldo, la encarnación de Dura Sangre!
El Alcalde, otro de los acusados gritó -¡Calla blasfemo, no sabes lo que dices, yo soy la encarnación de Dura Sangre!
Esto provocó una discusión entre todos los acusados que alegaban lo mismo.
-¡A callar!- Gritó el Juez, luego caminó de un lado a otro observándolos -Entonces todos aseguran que son El Heraldo, saben que si mienten con eso, es una blasfemia y es castigada con la muerte.
-Sí, él está a mi lado y si no me cree, usted tendrá que ser juzgado- Dijo el Alcalde.
-Me sorprende de usted Alcalde, si es así ¿Por qué yo no puedo verlo a un lado de usted? ¿Los demás pueden verlo?
El único niño de los acusados dijo -Es porque miente, Dura Sangre está en mi hombro, pero no se deja ver por ustedes porque son unos blasfemos.
-¿Me estas llamando blasfemo?- preguntó el Juez
-¡Púdrase!- Gritó el niño y luego le escupió.
Con delicadeza el Juez limpió la saliva de su rostro con su pañuelo de tela, lo hizo bolita y lo metió en la boca del niño. Los de la hermandad comprimían los labios para evitar que se dieran cuenta que querían reír.
-Mañana todos ustedes serán juzgados, la ley les da el beneficio de vivir una noche más, si no tienen forma de comprobar lo que aseveran, serán ejecutados como lo marcan las escrituras y la ley de Devil`s Bones.
***
El juez reunió a todos en el templo del condado, todo el pueblo estaba asustado, pero esperando respuestas, algunos esperaban que su familiar fuera liberado, otros se preguntaban por qué los guardias de la Hermandad habían llevado bidones de gasolina.
-Ante el poder que me es otorgado por las escrituras de nuestro patrono Dura Sangre, las leyes del condado de Devil's Bones y el pueblo, doy inicio a este juicio sin precedentes, cinco personas declaran la misma blasfemia, lo que es pena de muerte sin bacilar, pero por la naturaleza del caso, se les dará una tregua respetando las leyes y las escrituras, ya que en estas mismas se dice que nuestro patrono regresará en el cuerpo de uno de nuestros habitantes, como bien saben, a este se le nombraría "El Heraldo". Antes Dura Sangre exigía el líquido humano como ofrenda, pero eso cambió hace muchas décadas por sangre de animales, entonces tendría que haber una razón justa para que él volviera, eligiera un portador y pidiera sangre humana otra vez. Así que pasemos con la primera acusada, la señorita Imelda.
Sentada ante el estrado aun con su vestido manchado de sangre dijo -El patrono apareció ante mí en un momento de lujuria, llegó a salvarme de tan impuro acto y darme su mensaje, no logre verlo bien, solo su silueta, me toco el alma, usted no lo entendería Juez, porque ni dudo que usted haya hecho el amor en su vida, fue más profundo que un orgasmo, me toco la mente, y de hecho sigo escuchándolo, está aquí conmigo, soy digna de ofrecerle mi cuerpo para su encarnación, yo soy El Heraldo.
El juez dijo - Mataste al tipo al que te rompió el corazón por no ajustarse a tus costumbres familiares. -¡Así es! Lo hice por amor Juez, el necesitaba enderezar su camino!
El juez pega con su mazo -¡Culpable! El amor no es suficiente. Siguiente.
Los Rojines postrados en el hombro del humano que cada uno eligió se burlaban
-Primer descalificado- dijo uno de ellos.
-Siguiente acusado, El Alcalde- El juez lo miró - Usted también es parte de esta locura, y dígame ¿por qué usted sería digno de ser el portador de Dura Sangre? me sorprende de usted, máxima autoridad- agregó el juez en un tono irónico.
-Yo estaba en media fiesta y apareció Dura Sangre en una forma muy pequeña, me dijo que al liderar este condado yo era digno de ofrecer mi cuerpo para encarnar, me pidió sangre humana, por eso es que le arranqué la mandíbula a mi hijo, como un sincero sacrificio.
-Vaya, su hijo el que menos lo respeta, al que todo el mundo le quiere callar el hocico, pues lamento decirle que así no es cómo funciona la esencia del patrono ¡Culpable! A usted le falta carácter.
Los Rojines reían y reían.
-Siguiente acusado, El Panadero.
-Pues mire Juez, yo soy humilde, tengo mi puestecito de panes y es con lo que mantenía a mis hijos, el patrono apareció ante mí, me dijo que yo era digno de ser su encarnación por mi humildad, por eso metí a mi vecino al horno, como ofrenda.
-Su vecino, el que siempre invadía su piso. Bien le diré una cosa, usted no era capaz de enfrentarlo, usted no se mueve de lugar, usted está estancado, lleva años queriendo agrandar su panadería y no avanza, dudo que el patrono lo eligiera ¡Lo declaro culpable!
-Siguiente acusado ¿a quién tenemos aquí? al Sheriff, otro que no me esperaba, usted le disparó al amante de su esposa, todo el pueblo sabía de su infidelidad y que usted se hacía de la vista gorda ¿No cree que eso es ventajoso e intencionado? ¿Dígame porque es digno de ser El Heraldo?
-Yo soy un hombre justo, usted sabe de justicia, el patrono se me apareció y me dijo que yo era el elegido para ser su portador, me pidió como prueba la sangre del amante de mi esposa, y por eso le dispare en sus genitales, me espere un rato a que muriera, pero solo agonizaba, entonces le volví a dispar.
-¡En las rodillas Sheriff! Luego se dio cuenta que eso no lo mataría y por eso disparó a sus codos; y en su lógica como eso no funcionó, pues ahora si remató en la cabeza ¿No? Bien, pues dudo que el patrono lo eligiera a usted, tiene que compartir el amor de su esposa, es usted un conformista, no es digno ¡veredicto Culpable!
El hombre pedía piedad, pero el juez no daba tregua.
-Pasen al último acusado, el niño.
-El patrono me eligió por mi inocencia, y mi juventud.
-¿Tu juventud te hace digno? Creo que abusas, mataste a tus padres, quienes ya no te soportaban, les robabas, les mentías, les faltabas al respeto, ellos eran realmente bondadosos, los arrojaste al castillo de fuegos artificiales ¡Culpable!
El Juez miró a los acusados y luego a los habitantes del condado -Bien, pues queda claro que ninguno de ellos es Dura Sangre- Por un momento parecía que eso de lo dijo al pueblo, pero realmente lo decía hacia su hombro.
-Ves, te dije que ninguno de ellos era digno, te dije que tú eras el verdadero Heraldo- Dijo el sexto rojin, luego le susurró -Ahora sabes lo que tienes que hacer.
El juez asintió con la cabeza a sus guardias, los llamados "Hermandad del Retorno" dando una señal, la mitad de ellos bloquearon todas las entradas del lugar sin dejar salir a nadie, mientras que los otros esparcían la gasolina en todo el lugar sin importar si el líquido tocaba el suelo, las bancas o las personas, el pánico comenzó, todos corrían de un lado a otro intentando escapar. El Juez encendió una antorcha y gritó eufórico: -¡Es hora de reclamar mi sangre, es hora de que me den mi tributo! ¡Yo soy El Heraldo! ¡Yo Soy Dura Sangreeeee!-
Extendió sus manos mirando la imagen del patrono. Dejó caer la antorcha, el templo incendió con todos adentro, incluido el Juez que permaneció de pie hasta quemarse.
Tata Humo llegó de su viaje a recoger a sus pequeños traviesos, encontró apenas los restos del templo calcinado, curiosamente solo yacía de pie la estatuilla de Dura Sangre, detrás de ella salieron los rojines cargando y celebrando al ganador
-¿Pero que han hecho mis pequeños traviesos?- preguntó Evaristo, los rojines pasaron festejando a un lado de él, resignado dio la media vuelta y se marchó del lugar con sus pequeñas creaciones.
FIN

Esta obra tambien se publicó en la antología de cuentos "Pesadillas para antes de dormir Vol.III" donde varios escritores e ilustradores constribuimos con nuestra creatividad.
¡Los invito a darle una leida! Encontrarán cosas muy interesantes ahi, lo pueden descargar en el perfil de instagram de @hallowheendemuertos





Comentarios